Desde hace más de treinta años, cuando incursioné académica y profesionalmente al campo de la educación, me llamó profundamente la atención la noción de integración que aparecía recurrentemente en los discursos de los profesores y en las políticas de instituciones educativas. En estos discursos y políticas la integración se consideraba como un valor evidente que definía el propósito general de
la educación. Sin embargo al indagar sobre los fundamentos de esta propuesta de integración era semejante a iniciarse en un diálogo platónico en que Sócrates pregunta sobre la justicia. Lo que en un principio parece ser una noción familiar y un valor cultural compartido, en el momento de indagar resulta difícil explicar y fundamentar. Al persistir comienza a aparecer diversas definiciones simples, teóricas, prácticas y complejas que son discutibles y producen giros inesperables.
 

En su Republica, por ejemplo, Platón con su método dialogal confronta diferentes discursos sobre la justicia y presenta su propia teoría, en que compara el Estado con tres dimensiones del alma que constituyen los intereses y las virtudes que caracterizan diferentes tipos de personalidades. En esta teoría la gente común representan la dimensión del alma en que predomina el deseo que busca el placer y requiere moderarse por la virtud de la templanza. Los guerreros representan el espíritu o la energía del alma que aspira al honor mediante la virtud del coraje. Por último los filósofos representan la parte racional del alma y buscan el conocimiento orientados por la virtud de la sabiduría.   En consideración de estos antecedentes uno puede deducir que Platón, mediante su método dialogal buscó una visión integradora del ser humano en relación con su entorno. Al confrontar los diferentes discursos de su época acerca de la justicia construyó su propia comprensión integradora. En esta la justicia sería constituida por las virtudes de la templanza, del coraje y de la sabiduría que regulan la relación entre el macroorganismo del Estado y el microorganismo del alma humana. Por muchos siglos este modelo inspiro y oriento el desarrollo de la educación en el occidente. Este artículo no pretende exponer o defender la teoría de Platón, pero si aspira a seguir su método del diálogo para indagar sobre diferentes discursos de nuestros tiempos acerca del valor de una educación integral. En lo específico nos limitamos a revisar discursos oficiales que se encuentran en documentos normativos en el campo de la educación. En esta revisión buscaremos identificar tanto a la comprensión conceptual que estos documentos aporten sobre una educación integral así como los criterios que proponen para orientar el desarrollo y la evaluación de tal propuesta. Esperamos que este trabajo contribuya al desarrollo sistemático de un componente necesario de un marco de criterios con indicadores que se requiere para autorregular la calidad de las propuestas de educación integral. (evaluación criterial)   El artículo se sostiene sobre el supuesto que, en el occidente durante la segunda mitad del Siglo XX en adelante, la integración se ha constituida en el propósito general y transversal del sistema educativo, sea este escolar o superior, estatal, privado o eclesial. Esta afirmación puede fundamentarse mediante la revisión de las declaraciones y documentos normativos de organismos internacionales de educación, los programas curriculares obligatorios de los Ministerios de Educación de varios países, los proyectos educativos de la mayoría de las universidades y escuelas, como a los escritos oficiales de la Iglesia sobre la educación.