El Concilio Vaticano II en su Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual, Gaudium et Spes (1965) comprende que la cultura esta al servicio del desarrollo integral de la persona y establece que la Iglesia discierne y evangeliza en el diálogo con el mundo.

Propone

  • discernir e interpretar los signos de los tiempos a la luz del Evangelio para responder a los interrogantes humanos sobre el sentido de la vida. (Art. Nº 4),
  • movido por la fe, discierne en los acontecimientos, exigencias y deseos del mundo contemporáneo, los signos de la presencia de Dios que orienta hacia soluciones plenamente humanas. (Art. Nº. 11),
  • que en el diálogo con el mundo se preocupa primariamente por la dignidad de la persona y el sentido de la actividad y de la comunidad humana . (Art. Nº 40),
  • llama a los creyentes a capacitarse para participar en el diálogo con el mundo y los hombres de cualquier opinión. (Art.. Nº 43),
  • discernir e interpretar a la luz de la palabra de Dios, el sentido de la naturaleza humana en la experiencia histórica, el progreso científico y la diversidad de expresiones culturales. Art. Nº 44),
  • que la cultura esta al servicio de la perfección integral de la persona y el bien de la sociedad humana y que busca cultivar el espíritu del sentido social, moral y religioso de manera que promueve el desarrollo de la capacidad de admiración, de intuición, de contemplación y de formarse un juicio personal. (Art. Nº. 59)

La IIIª Conferencias General del Episcopado Latinoamericano (CELAM), de Puebla (1970), al distinguir entre educación humanizadora y evangelizadora, aporta un conjunto de principios y criterios para orientar la formación integral.

La educación humanizadora es una actividad cultural en que la persona aprende a trascender en relación con la verdad y el bien. Este fin se logra cuando la persona desarrolle plenamente su pensamiento y su libertad, haciéndolos fructificar en hábitos de comprensión y de comunión con la totalidad del orden real, por los cuales el mismo hombre humaniza su mundo, produce cultura, transforma la sociedad y construye la historia. Art. Nº 1025.

La educación evangelizadora asume y completa la educación humanizadota porque contribuye a la conversión del hombre total, no sólo en su yo profundo e individual, sino también en su yo periférico y social, orientándolo radicalmente a la genuina liberación cristiana que abre al hombre a la plena participación en el misterio de Cristo resucitado, es decir, a la comunión filial con el Padre y a la comunión fraterna con todos los hombres, sus hermanos. Art. Nº 1026.

 

En cuanto al diálogo en la tradición católica este:

  • Cumple una función mediadora que esta regulada por el principio de la integración entre fe y razón. Afirma que la investigación auténticamente científica realizada de acuerdo a las leyes morales, nunca será contraria a la fe, “porque las realidades profanas y las de la fe tienen su origen en el mismo Dios”. En esta perspectiva el diálogo entre las ciencias, la cultura y el Evangelio se enriquecen mutuamente al comprender “cómo fe y razón se encuentran en la única verdad”. En este intercambio la teología contribuye a una comprensión de la revelación de Dios y, a su vez, aprende de las otras disciplinas cómo puede responder mejor a las exigencias del mundo actual. (Art. 16°, 17° y 19°).

  • Asegura que los distintos ámbitos del conocimiento conservan su identidad y autonomía, disciernen cómo sus descubrimientos influyen sobre las personas y la sociedad y se enriquecen mutuamente con sus contribuciones a una visión integradora de la realidad. (Artículos 14° y 19°).

  • En el ámbito académico distingue dos dimensiones: una de autonomía disciplinaria y otra de colaboración interdisciplinaria. Desde su autonomía disciplinaria cada académico trabaja sistemáticamente de acuerdo con los métodos de su disciplina, consciente de la responsabilidad moral que es parte constitutiva de sus actividades de investigación y enseñanza. En la colaboración interdisciplinaria busca una “visión orgánica de la realidad” que oriente todo el proceso educativo hacia “el desarrollo integral de la persona” (Art. 20°).

  • Entre las ciencias, la cultura y el evangelio, la filosofía y la teología asumen una función mediadora que orienta hacia el desarrollo de una síntesis e integración del saber, en que cada disciplina, desde su autonomía, contribuye al desarrollo de una visión integral de la realidad y de la persona, iluminada por la fe en el Evangelio. (Art. 15° y 16°).

  • Esta integración esta constituido por el discernimiento en el diálogo entre el pensamiento cristiano y las ciencias, tanto naturales como humanas, y en relación con el entorno cultural y los acontecimientos históricos. Es una propuesta que afronta cuestiones epistemológicas, éticas y teológicas para comprender cómo articular el desarrollo de un proyecto histórico que integra la inteligencia, la razón, la ética y la fe. Es una integración que aprecia cómo la inteligencia humana esta fortalecida por su comprensión de la palabra de Dios y por la superioridad del espíritu que está al servicio de la verdad. (Art. 45° – 46°).  

  • En este contexto es responsabilidad de los docentes animarse por los ideales académicos y presentar una visión coherente del mundo en sus investigaciones y enseñanza. En cuanto educadores cristianos, dan un testimonio auténtico de la integración entre fe y cultura y entre competencia profesional y sabiduría cristiana. (Art. 20°-22°).

  • Los estudiantes están llamados a integrar su formación humanística, profesional y cristiana con el ánimo de buscar la verdad durante toda su vida. Esto les exige desarrollar e integrar habilidades personales y profesionales para poder discernir los criterios de juicio que fundamenten decisiones que son coherentes con sus convicciones sociales, morales y cristianas. (Art. 23º).

En relación con los desafíos de nuestro tiempo,

  • es función de la Universidad Católica discernir y evaluar las aspiraciones y contradicciones de la cultura moderna. Le corresponde estudiar el impacto del desarrollo científico-tecnológico sobre la naturaleza y la influencia de los medios de comunicación sobre las personas y la cultura, para asegurar que estén al servicio del auténtico bien de la sociedad en su conjunto. Debe a su vez “defender la identidad de las culturas tradicionales, ayudándolas a incorporar los valores modernos sin sacrificar el propio patrimonio.” De este modo, la Universidad Católica participa en la misión de la Iglesia de evangelizar el mundo y contribuye al desarrollo integral de la persona, la integración del conocimiento y la promoción cultural. (Art. 45º).